El vídeo no dejaba lugar a dudas. Difundido por el propio presidente de El Salvador el 17 de marzo, mostraba a un joven venezolano arrodillado, rapado, con la mirada extraviada y el rostro desencajado, como si no comprendiera dónde se encontraba. Para su familia en Venezuela, no hizo falta mirarlo dos veces: era él, Mervin José Yamarte. Hasta entonces, pensaban que seguía trabajando en un restaurante en Texas. Ahora, señalado por el presidente de Estados Unidos como presunto integrante del Tren de Aragua, ha sido enviado -sin juicio ni cargos formales- al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador, una de las cárceles más temidas de América Latina.
«Lo reconocí enseguida», cuenta su hermana Yare. «Esa mirada era la de alguien pidiendo ayuda». Yamarte había llegado a EE.UU. en septiembre de 2023, tras cruzar el tapón del Darién y recorrer México a pie, con la voluntad manifiesta de reunir dinero para su esposa y su hija, que permanecen en Maracaibo. Se había establecido en Dallas y, según su familia, ya planeaba regresar voluntariamente a Venezuela. Formaba parte del grupo de más de diez millones de personas que, según la actual Administración estadounidense, han entrado en el país sin papeles durante la Presidencia de Joe Biden.
Lo último que supo su madre fue que, el jueves 13 de marzo, agentes armados de inmigración se presentaron en la vivienda donde residía, lo detuvieron y lo trasladaron a un centro de detención en Texas. Alcanzó a hacer una llamada a Venezuela para decir que desconocía los motivos de su arresto. Su nombre, como el de muchos otros deportados a El Salvador, no aparece en registros judiciales federales, estatales ni locales.
Desde ese momento, su familia no volvió a saber nada de él. Hasta que el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, publicó un vídeo en el que Yamarte aparecía entre los 238 venezolanos deportados ese fin de semana por la Administración Trump bajo acusaciones de pertenecer a bandas criminales, pero sin que se presentaran pruebas públicas. Según Bukele, todos permanecerán encarcelados al menos un año, en virtud de un acuerdo firmado en febrero entre ambos gobiernos, por el que El Salvador recibirá seis millones de dólares.
La Administración Trump insiste en que todos los deportados son miembros del Tren de Aragua y que se encontraban en EE.UU. en su mayoría de forma ilegal. El propio presidente declaró el viernes, antes de abordar su helicóptero rumbo a su club de golf en Bedminster, que su equipo había investigado detenidamente a cada uno de los detenidos y que «no cabe duda de que son delincuentes muy peligrosos que no deberían estar en este país». De momento, no hace públicas las evidencias ni confirma si se habían presentado cargos.
Para facilitar la operación, Trump invocó una ley de 1798, la Ley de Enemigos Extranjeros, que otorga al presidente autoridad para detener y expulsar a ciudadanos de países considerados hostiles durante tiempos de guerra o amenaza. Esta norma ha sido aplicada apenas tres veces en la historia: durante la Guerra de 1812, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial. Un juez federal intentó frenar las deportaciones en parte porque EE.UU. no está en guerra con Venezuela, pero la Administración Trump continuó con los vuelos hacia El Salvador, a sabiendas de que el caso terminará probablemente en el Tribunal Supremo.
La identificación de muchos de los deportados se basó, según la Casa Blanca, en tatuajes, pero en el caso de Yamarte, su familia asegura que no tiene ninguno por convicción religiosa.
Otros, como Jerce Reyes Barrios, fueron señalados por un tatuaje que, según sus abogados, representa el escudo del Real Madrid, así como por un gesto con la mano que fue interpretado como el símbolo de una pandilla. Reyes, futbolista profesional y entrenador infantil, no tiene antecedentes penales y había solicitado asilo legalmente.
Tatuajes, evidencia policial
Otro detenido, Francisco Javier García Casique, de 24 años, sí tiene tatuajes. Es barbero y, según su familia, siempre le apasionaron. Uno de sus favoritos es una frase del Libro de Isaías: «Dios da sus peores batallas a sus mejores guerreros». Se lo hizo durante su estancia en Perú, donde vivió seis años y aprendió a cortar el pelo viendo tutoriales en YouTube. Su hermano Sebastián lleva el mismo tatuaje.
En diciembre de 2023, García cruzó la frontera y se instaló en Texas, donde comenzó a trabajar en una barbería con temática de superhéroes. En redes sociales compartía fotos de cortes de cabello, frases inspiradoras y ocasionalmente imágenes con la bandera estadounidense. El 16 de marzo, su familia lo identificó entre los hombres esposados y rapados que aparecían en el vídeo de Bukele. «Nunca imaginé ver a mi hermano así, en una cárcel para asesinos, como si fuera un criminal», dijo el hermano. Según su madre, García no tiene antecedentes ni en Venezuela ni en Estados Unidos.